El ácaro Varroa destructor fue señalado por primera vez por Jacobson en el año 1904 en Java, al aislarlo de celdillas de cría de Apis cerana y luego fue descrito y clasificado por el holandés Oudemans (Bailey, 1984; Llorente, 1990).
La abeja asiática, Apis cerana, no tenía inicialmente contacto con Apis mellifera, pero el desarrollo de la trashumancia propició un contacto artificial entre ambas especies, lo que generó la infestación de Varroa en la abeja Apis mellifera (Vandame et al., 1998).
En el caso de Apis cerana, existe un equilibrio natural parásito-hospedador que permite a las colonias de ésta desarrollarse sin la
necesidad de recibir tratamiento acaricida alguno, gracias a que ésta abeja es capaz de detectar las celdillas infectadas con Varroa y extraer de estas los ácaros, sumado a un comportamiento característico de limpieza denominado “Grooming”. En Apis mellifera no existe tal equilibrio, por lo que el parásito llega a poner en peligro la viabilidad de las colonias de abejas si no se toman medidas profilácticas adecuadas (Higes et al., 1998). A partir de 1948 comenzó a detectarse la presencia de Varroa fuera de Indonesia, primero en Tailandia y con posterioridad en URSS y China. Desde 1965 a 1979 la enfermedad se diseminó en Europa del este, en países tales como Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria.
En 1975 se constata la enfermedad en Túnez procedente de Rumania, mientras que en 1977 se diagnostica la parasitosis en Libia. En el año 1975 se diagnosticó en Alemania, en 1980 en Finlandia, en 1981 en Italia, en 1982 en Francia y en 1985 en España. En América se cree que la enfermedad tuvo su origen en enjambres traídos a Paraguay, desde Japón, durante el año 1979 (Ministerio de... 1987). En el año 1992 se registró una mortalidad de miles y miles de colonias en Sicilia, Italia del norte e Italia Central (Lodesani et al., 1995).
La enfermedad se detecta oficialmente en Chile el año 1992, luego de encontrarse un brote en el sector denominado Agua Buena, comuna de San Fernando, lo que significó un gran daño a la actividad apícola nacional, que a la fecha ostentaba una condición sanitaria envidiable (SAG, 1994).
Debido a que actualmente ésta parasitosis se encuentra distribuida en todo el mundo, exceptuando Australia e Irlanda (Higes et al., 1998) y a que Varroa es considerado como el parásito más peligroso para la abeja melífera, éste ácaro es objeto de exhaustivos estudios en numerosos países, que tienen como fin conocerlo mejor, para así ajustar a su biología y comportamiento, métodos de lucha que sirvan para controlar eficazmente la enfermedad (Llorente, 1987).
Danilo Abarca Candia
Médico Veterinario


